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Caracas bajo tierra: La desidia vista desde el Metro

Un sistema de transporte público que fue ejemplar en Latinoamérica sufrió los estragos de una revolución que lo inundó de vendedores informales y mendigos que se adueñan de sus instalaciones tratando de sobrevivir

Alejandro Landaeta || @Landaetaaa

Video: Luis Daza /@bienfresco

El Metro de Caracas es el principal medio de transporte en la capital venezolana con más de un millón de personas utilizándolo diariamente. En él ocurren, según cifras extraoficiales, al menos 40 robos diarios. Dentro de ese sistema subterráneo que conecta a los caraqueños, hacen vida los “charleros”, un grupo de personas que se dedica al comercio informal dentro de los trenes, repletos de personas la mayoría del tiempo. Se les ve principalmente en la Línea 1, esa que recorre la ciudad de punta oeste a punta este. Trabajan en los trenes de esta línea y arman sus “centros de operaciones” en los solitarios andenes de las últimas estaciones. Yorbis Vegas y Deisy Echenique son dos personas que forman parte del grupo de 32 individuos que venden chucherías en los vagones del metro entre Chacao y Palo Verde. La estación de Chacao, en el municipio del mismo nombre, es una estación concurrida que sirve como acceso a las zonas financieras, comerciales y diplomáticas de Caracas. Su ubicación no la ha salvado de los grafitis sin sentido y la delincuencia. Por otro lado, Palo Verde es la última estación al este de la ciudad, cerca de zonas populares como Petare y Filas de Mariche, la peligrosa soledad en ese lugar se nota en los descuidados andenes y el resto de las instalaciones.

El negocio en el subterráneo

Vegas se dedica principalmente a la venta de “barrilete”, un caramelo masticable con forma de bastón sabor a menta. El precio de cada dulce es 200 bolívares. Deisy Echenique, por otro lado, vende bombones de chocolate a 400 bolívares. Tanto Vegas como Echenique adoptaron el trabajo de “charleros” por la situación económica del país. Les resulta más eficiente vender golosinas en el transporte subterráneo que pasar 8 horas por día en una oficina. Vegas afirmó que un día de trabajo dentro del Metro de Caracas puede significar hasta 35.000 bolívares, mientras que un trabajador que percibe salario mínimo obtiene 3.251 bolívares diarios. Las golosinas que se consiguen en los vagones del Metro cuestan entre 150 y 400 bolívares cada una, pero los distribuidores a quienes compran mercancía los “charleros” las venden por la mitad de esos precios. Las jornadas para estos vendedores son de 12 horas, cuatro más de las ocho que normalmente laboran los trabajadores relacionados a una empresa. “Nosotros empezamos desde las 7 am hasta las 8 pm. Tenemos un receso siempre desde las 5 pm hasta las 6:30 pm, que viene siendo la hora pico, para no incomodar a los usuarios”, explicó Echenique, quien comparte ruta con Vegas.

La “hora pico” del Metro de Caracas no es el mejor momento para el comercio, pero sí es el de mayor actividad delictiva. Usuarios de la Línea 1 y algunos “charleros” denunciaron que los ladrones aprovechan el tumulto para robar con mayor facilidad. Para los vendedores de chucherías resulta complicado circular entre los trenes durante esas horas, por lo que deciden esperar en los andenes y tratar de hacer negocio mientras “se calma” el transitar de las personas. El comercio informal en Venezuela se convirtió en la principal opción de ingresos para aquellas personas de bajos recursos que no pueden esperar a cada quince y último de mes para recibir un salario. El sueldo mínimo en Venezuela es de 250.531 bolívares y solo cubre una cuarta parte (1/4) de la canasta básica calculada en 1 millón de bolívares por el Centro de Documentación y Análisis Social (Cendas). Recién graduados y personas sin título universitario contratados perciben esta remuneración. Venezuela enfrenta una aguda crisis económica causada por el inestable escenario político del país. La situación de incertidumbre incluso llevó al Fondo Monetario Internacional a estimar que la inflación en Venezuela será del 720,5% al cierre del año 2017.

Respeto para lo prohibido

Las ventas en las instalaciones del Metro de Caracas están prohibidas, al igual que la mendicidad, sin embargo, son cada vez más las personas que se dedican al comercio informal en los trenes subterráneos. Los funcionarios encargados de que no existan este tipo de actividades dentro del sistema de transporte son los guardias patrimoniales, personal uniformado de pantalón gris y camisa azul. Este cuerpo de seguridad interna del metro está compuesto por ex funcionarios policiales o expertos en el área de seguridad y prevención, pero los “charleros” denuncian que su labor no es solo cuidar. “Los patrimoniales tienen una manera errónea de llegar a nosotros (…) Nos maltratan físicamente, hacen con nosotros lo que les da la gana. Cuando ellos nos agarran, nos quitan toda la mercancía y listo”, denunció Vegas. Ellos defienden que aunque esté prohibido por la compañía Metro de Caracas, trabajar vendiendo golosinas no es un crimen, así que no merecen ser tratados como delincuentes por las autoridades.

Vegas explicó que se sabe que está prohibido vender en el metro, pero dijo que son los “charleros” quienes muchas vecen hacen el trabajo de los patrimoniales. “Ellos deberían estar pendientes de las personas que roban, de esos que andan pidiendo y están hediondos...”, criticó el comerciante. Además, aseguró que él se dedica a retirar a algunos de los pedigüeños de los trenes para que no incomoden con su falta de higiene a los usuarios. Vegas incluso confesó que hubo un caso relacionado a un funcionario patrimonial que decomisaba mercancía de los “charleros” y luego la cambiaba por drogas en la zona de La Pastora. El mismo funcionario es reconocido por un grupo de vendedores como un abusivo del poder.

“Hubo un pana de Petare que se lo llevaron en un operativo con el jefe de ellos (Héctor Idrogo) y lo dejaron por allá botado en la Cota 905 (…) No lo mataron porque Dios es grande. No sé qué propósito tenían esos tipos ahí…”, criticó Vegas.

La coordinación de (in)seguridad del Metro

Héctor Alfredo Idrogo Díaz es el gerente de Protección y Seguridad del Metro de Caracas. Cuando un grupo de “charleros” declaró para El Nacional su nombre siempre saltaba a la palestra acompañado de insultos. Idrogo ingresó a las filas del Metro en el año 2008. En 2016 diseñó un plan para acabar con la inseguridad y la buhonería en los andenes del sistema subterráneo, pero el plan aún no ha rendido sus frutos. Los comerciantes informales aseguraron, en su mayoría, que Idrogo es una persona agresiva y que abusa de sus funciones. Varios de los “charleros” que denunciaron sus actuaciones en el andén de Petare aseguraron que él ordena directamente a cuáles vendedores y pedigüeños detener y decomisar su mercancía. Otra denuncia de los vendedores de golosinas del metro es que el encargado de la seguridad los acusa de ser parte de grupos que se dedican al robo de pertenencias en el sistema. Ellos aseguraron que su actividad es el comercio y que eso deberían respetarlo.

El gerente de Protección y Seguridad, Héctor Idrogo, estuvo envuelto en una situación irregular hace unas semanas cuando secuestró dentro de la estación de Chacaíto a un par de periodistas que documentaban las protestas opositoras. Idrogo alegó que la detención ilegal fue realizada porque el Metro de Caracas es una empresa estratégica del Estado. Durante esta acción ilegal, Idrogo amenazó en varias oportunidades a los periodistas con entregarlos al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.

El anhelo de los "charleros"

Además de denunciar la manera abusiva en que los cuerpos de seguridad del Metro de Caracas los tratan, los comerciantes informales que trabajan en el sistema de transporte expresaron su deseo de poder realizar sus actividades de manera legal. “Sinceramente, nadie quiere venir a montarse en un tren con pena, con vergüenza, a incomodar a los demás (…) Queremos que nos den un mejor trato”, comentó Echenique. Los “charleros”, reunidos en una de las estaciones de la Línea 1 del Metro de Caracas, comentaron que su única petición a la compañía de transporte es que se permita la creación de una cooperativa de vendedores ambulantes en los trenes. “Que nos aprobaran una cooperativa de trabajo, ¿me entiendes? Si hay que hacer dos días de limpiar los rieles, los vagones y todo eso, a nosotros nos gustaría también colaborar con el Metro… Pero ellos no quieren aceptar que uno trabaje aquí dentro de las instalaciones”, dijo Vegas.

Nunca les han explicado los motivos por los que se les niega esta posibilidad, pero ellos aseguraron que esa propuesta ha sido negada en varias oportunidades por los directivos del sistema de transporte. Venezuela sigue enfrentando una crisis que día a día se agrava, por lo que parece difícil asumir que los vendedores ambulantes y la mendicidad en los vagones del Metro de Caracas vayan a disminuir. Ante esta situación, los encargados del sistema ofrecen como única solución deshacerse de aquellos que, con mucha vergüenza, pero haciendo un gran esfuerzo, intentan llevar comida a sus hogares con una actividad “honesta”. Los “charleros” terminaron asegurando que su actividad no es el delito, más bien hacen lo posible por llevar comida a sus casas de la manera más honesta: vendiendo chucherías en un lugar donde, hasta ahora, está prohibido ingerir alimentos y practicar el comercio.