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Ya no es lo que fue: Una vuelta por Caracas en una “noche de terror”

Apagar las velas de una torta para cantarle cumpleaños feliz a la capital no solo aumentaría la oscuridad de oeste y este, sino que sería alentar a ambiente sombrío y tenebroso que dejó atrás aquellos años en los que pasear por la ciudad más allá del atardecer era algo tan común como comer arepas o perros calientes en la madrugada

Luis Pico

Video: Crhistian Sever | @cristiansever

Al caer la noche, las calles de Caracas permanecen desoladas, como una especie de territorio inhóspito en el que costaría creer que pocas horas antes, cuando el sol todavía iluminaba sus cielos, miles de personas se negaban a retirarse de autopistas y avenidas en su afán de resistir la represión de los cuerpos de seguridad del Estado, encargados desde hace casi cuatro meses de contener a quienes expresan su descontento contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro. Una vez arranca la cuenta regresiva que suponen las horas finales de la tarde, manifestantes y trabajadores se entremezclan y emprenden una rápida carrera hacia sus hogares, al tiempo que los funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Policía Nacional Bolivariana (PNB) hacen lo propio rumbo a sus cuarteles.

Pero en la capital, las vías despejadas no son sinónimo de tranquilidad. Todo lo contrario: mientras avanza el reloj, más se destila adrenalina entre los valientes (y osados) que desafían al instinto de supervivencia y se atreven a dar un paseo o buscar distraerse en su inmortal vida nocturna.

El unísono entre este y oeste

A diferencia de lo que ocurre durante el día, cuando en el este y oeste de Caracas pueden plasmarse realidades diferentes, en la noche ambos polos lucen iguales: oscuros, sucios y solitarios, con la mayoría de las santamarías abajo. En el 23 de Enero, considerado por años como el corazón del chavismo, solo las luces de un par de autobuses y una que otra motocicleta sirven para iluminar la pintura todavía fresca de los murales en apoyo a la asamblea nacional constituyente propuesta por el presidente Nicolás Maduro. Y es que ni siquiera los quioscos la Zona F despachan comidas y bebidas o colocan música para romper con un silencio ensordecedor que hace temblar los tímpanos también en Sierra Maestra, Monte Piedad y las cercanías al Cuartel de la Montaña, donde reposan los restos de Hugo Chávez. Un ambiente similar se puede palpar en urbanizaciones del este si se visitan lugares como el casco de Chacao y Altamira, tildados como bastiones para la oposición, donde únicamente los automóviles irrumpen en una tensa calma en que las luces en ventanas de casas y edificios sobresalen especialmente en sectores en los que el alumbrado público brilla por su ausencia.

Las avenidas no se distinguen

En la avenida Baralt el tráfico de automóviles y motocicletas es constante, contrario al de las aceras, sobre las que transeúntes prefieren ignorar algunos locales que permanecen abiertos y optan por caminar a paso acelerado en medio una oscuridad que se intensifica en los alrededores del Palacio de Miraflores, custodiado desde varias cuadras predecesoras con sacos de arena, alambres de púas y contingentes de la GNB, apenas distinguibles por sus chalecos.

Parecida es la Francisco de Miranda (este), en la que algunos puestos de perros calientes y restaurantes despachan comida, enfrentando una soledad que parece ganar el pulso aliándose con un hampa que no descansa ni se cansa de hostigar por igual a Caracas por sus cuatro costados.

Una vida nocturna mermada pero inmortal

En Caracas las noches son de terror”, advierte el encargado de un puesto de perros calientes en Las Mercedes que presta servicio hasta las 4:00 de la madrugada. “No es fácil: hay tragedias, choques y gente ebria pero uno ya está acostumbrado”, comenta el “perrero” durante la noche de un jueves, que tras la represión de la PNB contra una manifestación opositora, dejaron la zona despejada. A lo suyo, un parquero que lidia con la indigencia en plena noche caraqueña lanza otra advertencia. “Hay que cuidarse porque no sabes si vuelves a tu casa luego de salir”, comentó cerca de donde intenta conciliar algo de sueño para buscar sobrevivir otro día.

En medio del panorama, los restaurantes y discotecas de esa urbanización siguen abiertos pese a ser uno de los puntos neurálgicos de la represión, que si bien no les impide seguir laborando, sí ha afectado sus ventas, pues no se observan colas en las entradas ni las acercas lucen abarrotadas de carros. “Ya no es como antes. La gente se resguarda. Hoy debíamos tener bastantes clientes pero no los hay. Esto cambió mucho”, explicó Wilmer Castillo, que también labora en un carrito de perros calientes y hamburguesas que apenas tenía clientes, que iban llegando en grupos esporádicos a bordo de vehículos. Atrás quedaron aquellas épocas en las que jóvenes y adultos rumbeaban de jueves a domingo (por decir poco), en las que se inauguraban locales, tascas y bares cada tanto, mientras que algunas areperas que antes abrían 24 horas, siete días a la semana, han preferido reducir horarios, en lugar de saciar estómagos antes y después de fiestas que se montaban con las más mínima excusa.

Las Mercedes, sin embargo, no es la única zona que vio mermada su actividad durante la noche. El bulevar de Sabana Grande, otrora lugar de referencia de Caracas en cuanto a entretenimiento, va por el mismo camino: pasadizos sin iluminación y bandas de jóvenes y adolescentes dedicados a delinquir alejaron a los visitantes, que apenas se dejan ver a las afueras de uno que otro establecimiento, en los que vendedores ambulantes de cigarrillos y chucherías buscan clientes a todas horas. Incluso Plaza Venezuela, también ícono nocturno de la ciudad, invita a resguardarse: con sus chorros y luces apagadas, solo efectivos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y la GNB comían unos juntos en una calle referencial para puestos callejeros de comida rápida.

Y es que el hecho de ser una de las ciudades (si no la más) peligrosas del mundo en diversos rankings elaborados alrededor del orbe, junto a una inflación de la cual no se tienen datos oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) desde hace años, fungen como un cóctel explosivo capaz de volarle la ansias a los que alguna vez fueron clientes asiduos de una noche que en lugar de parecer joven, se comporta como vieja, pues exhorta a la mayoría a dormirse temprano, no embochincharse, a no ser que se dispongan a retarla y salir y volver a casa con suerte.

Homicidios vs secuestros

No todo son similitudes en el este y oeste de Caracas cuando de la noche se trata, pues los delitos sí varían en ambos polos de la capital. Gustavo Duque, director de seguridad integral del municipio Chacao, reveló que en su jurisdicción el secuestro es el tipo de crimen más usual. “Las denuncias que recibimos son de personas que salen de restaurantes y centros comerciales y que a las pocas cuadras las interceptan para secuestrarlas”, dijo. Detalló que uno de los modus operandi más comunes usados por los delincuentes consiste en socializar con desconocidos para fijarse en sus prendas, su ropa o quién es el que paga la cuenta, para posteriormente dar “aviso” a otros compañeros. “No hay cifras claras porque muchas veces las víctimas no denuncian pero la mayoría proviene del centro comercial San Ignacio y Altamira Village”, agregó, sin dejar de lado que no están exentos de otros tipos de crímenes.

El fenómeno de Chacao suele regarse en Baruta y El Hatillo, siendo los jóvenes los más afectados, según el criminólogo Javier Gorriño. “Los mayores suelen resguardarse temprano, a eso de las 7:00 pm, mientras que algunos muchachos van a fiestas o casas de amigos para estudiar”, argumentó. Los asesinatos, en cambio, son más comunes en Libertador. “El homicidio es constante en la noche y lamentablemente no hay cifras oficiales”, fustigó, sin dejar de lado que la vida nocturna de Caracas no solo se ve mermada por la inseguridad. “No se puede olvidar la crisis económica porque a la gente no le sobra dinero para distraerse”. Más allá de ello, al bajar el sol, aunque los postes de luz permanezcan apagados, los negocios cerrados y la mayoría opte por resguardarse, Caracas sigue siendo una ciudad que lejos de dormirse, aumenta sus pulsaciones con el paso de una crisis que la perturba a 450 años de su fundación.